
“TORMENTA NEGRA”: POLÉMICA POR OPERATIVO EN LAS VILLAS

No hay ni un solo narco preso. Sin embargo, en la Ciudad de Buenos Aires, 27 personas fueron detenidas el 14 de mayo pasado. Fue de noche, tras un operativo represivo realizado en simultáneo en distintos barrios populares.
El despliegue, que el jefe de Gobierno Jorge Macri describió como “histórico”, llevó el nombre de “Tormenta Negra”. Fueron 1500 efectivos distribuidos en 15 villas y asentamientos de la capital argentina bajo el argumento de garantizar “paz” y “seguridad” para los vecinos de “bien”.
Escribo estas líneas desde uno de esos barrios. Tal vez como una botella al mar. Para intentar que alguien, en alguna parte de la región o del mundo, pueda leer lo que significó para muchas comunidades esta intervención estatal: una demostración de fuerza orientada más a producir impacto político y mediático que a resolver los problemas reales vinculados a la seguridad.
Las consecuencias todavía continúan. Mientras escribo, el 20 de mayo, barrios como Villa 20, Ciudad Oculta y Bajo Flores siguen atravesados por una fuerte presencia policial y por situaciones de hostigamiento denunciadas por vecinos y organizaciones territoriales. El patrón es el mismo: todo en simultáneo. En ese contexto, el endurecimiento discursivo y represivo del gobierno porteño también aparece atravesado por la disputa política con La Libertad Avanza, conducido por el oficialismo nacional que encabezan Javier y Karina Milei.
El 20 de mayo, barrios como Villa 20, Ciudad Oculta y Bajo Flores siguen atravesados por una fuerte presencia policial y por situaciones de hostigamiento denunciadas por vecinos y organizaciones territoriales
Sepan disculpar la utilización de la primera persona en algunos pasajes de este texto. Pero como redactor de la Villa 21-24 -uno de los barrios más golpeados durante estos días- considero importante señalar que este tipo de operaciones también producen efectos sociales concretos dentro de las villas: miedo, tensión y una profundización de la estigmatización sobre quienes vivimos allí.
Durante la última semana, sindicatos, curas villeros, organizaciones sociales y culturales, organismos de derechos humanos, medios nacionales e internacionales y hasta el arzobispo de Buenos Aires debatieron públicamente sobre el operativo y sus resultados. Y mientras gran parte de los supuestos “narcos” detenidos ya fueron liberados, las secuelas continúan entre los hogares precarios de estos barrios.
Alrededor de las 16 hs del jueves 14 de mayo, feriantes, cartoneros y vendedores ambulantes ya percibían que algo estaba por ocurrir. En la Villa 31, en Retiro, muchos vecinos venían denunciando desde hacía meses controles, saturación policial y persecución sobre trabajadores informales. Por eso, aunque el operativo no sorprendió del todo dentro de las comunidades, sí generó un fuerte impacto por su magnitud desmedida.
El artículo 31 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires establece que la Ciudad debe garantizar una vivienda digna y priorizar políticas destinadas a los sectores de mayor vulnerabilidad social. Sin embargo, en redes sociales y discursos políticos crece una narrativa que presenta a los habitantes de las villas como “usurpadores”, “delincuentes” o personas que “no quieren trabajar”.
Ese clima social tiene consecuencias concretas. La estigmatización permanente sobre cartoneros, migrantes, trabajadores informales, gente en calle, vecinos de villas y personas pobres habilita discursos cada vez más violentos. Comentarios como “préndanlos fuego”, “bala y al río” o “tiren una bomba en las villas” ya no aparecen solamente en los márgenes de internet: forman parte de un proceso de deshumanización que después impacta sobre la vida cotidiana de miles de personas en la Ciudad.
Poco pan y muchísimo circo
Dice el dicho: esto no nace de un repollo. El ajuste en centros de salud barriales, la falta de recolección de basura en las villas tras la asfixia del programa Veredas Limpias, la no relocalización de 1700 familias que viven a la vera del Riachuelo -el río más contaminado de la región-, el desguace de la educación para adultos en bachilleratos de gestión social y la eliminación de jardines y orquestas infantiles forman parte de un mismo escenario.
También se suma la burla y la quita de alimentos a comedores populares, la idea de “instalar un muro” entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires -en un claro gesto ideológico contra el gobernador Axel Kicillof-, la represión constante hacia personas en situación de calle y el desalojo violento y hasta jocoso de unas 700 viviendas colectivas en zonas como Once, La Boca, San Telmo y Constitución. Todo eso conforma un combo explosivo.
Comentarios como “préndanlos fuego”, “bala y al río” o “tiren una bomba en las villas” ya no aparecen solamente en los márgenes de internet: forman parte de un proceso de deshumanización que después impacta sobre la vida cotidiana de miles
Todas estas (no) políticas del Gobierno de la ciudad y la antesala de la “Tormenta Negra” de Jorge Macri ya la denunciamos por Diario Red América Latina en febrero y marzo de este año. Anticipamos en el artículo “La Ciudad de Buenos Aires: donde ser pobre se volvió un delito” y en “La basura de la derecha: ¿qué tensión política hay en la gestión de residuos de la Ciudad de Buenos Aires?” lo que se venía.
La política de mano dura impulsada por el Jefe de Gobierno también comenzó a encontrar respuestas desde las propias villas. Un ejemplo es el joven Movimiento de Villas y Barrios Populares de la Ciudad de Buenos Aires, integrado por referentes territoriales de distintos espacios políticos y vecinos autoconvocados.
El 6 de mayo pasado, el Movimiento realizó una jornada de ollas populares en distintas villas porteñas. Días después, el 11 de mayo, se llevó adelante una caravana en homenaje al Padre Carlos Mugica -el histórico cura tercermundista asesinado en plena dictadura, 1974- en la Villa 31.
Allí, vecinos y organizaciones marcharon contra la escalada de violencia y el hostigamiento sobre los barrios populares. Tres días después llegó “Tormenta Negra”. Para muchos referentes de los barrios, la respuesta de Jorge Macri fue una profundización de esa política represiva.
En este contexto también se inscribe la interna política de la derecha argentina. La actual senadora nacional por CABA, Patricia Bullrich, ex ministra de Seguridad de Javier Milei y antigua aliada central del PRO, publicó recientemente un mensaje cuestionando el estado de los subtes porteños. Aunque indirecto, muchos lo leyeron como un golpe político hacia la gestión de Macri.
Se puede analizar al operativo “Tormenta Negra” como parte de una estrategia para construir una imagen de autoridad y endurecimiento
Pero Bullrich no es la única figura que disputa ese espacio. Desde el núcleo duro de La Libertad Avanza también comenzaron a instalarse posibles candidatos libertarios para la Ciudad. Entre ellos apareció incluso el nombre de Manuel Adorni, antes del escándalo aún inconcluso que lo vincula con enriquecimiento ilícito y que ahora está en manos de la Justicia. En ese escenario de competencia por quién representa con más dureza el discurso de seguridad, se puede interpretar que las villas hoy funcionan como territorio de exhibición política de la cual Macri se quiere beneficiar.
Se puede analizar al operativo “Tormenta Negra” como parte de una estrategia para construir una imagen de autoridad y endurecimiento. Una lógica donde los cuerpos, los rostros y la vida cotidiana de quienes habitan los barrios populares quedan atravesados por una disputa política que poco tiene que ver con resolver sus problemas estructurales.
Reflexiones (no) finales sobre Tormenta Negra
Faltando un año y medio para el cambio de gestión en Argentina y en la Ciudad de Buenos Aires, la carrera electoral 2027 para Jorge Macri ya comenzó y tiene sabor a violencia. Pero no tiene respaldo de gestión. El Observatorio Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) difundió datos alarmantes de los casi tres años de gobierno del primo del ex presidente Mauricio Macri.
Hay incrementos de recursos destinados al sector privado, sea servicios concesionados, educación privada y deuda pública
El Instituto de Vivienda de la Ciudad perdió 46% de su presupuesto respecto a 2022. Para este año el Gobierno de la Ciudad hizo un recorte de 14% de los escasos recursos del Instituto que es fundamental para la integración urbana de las villas: tendidos eléctricos, cloacas, agua potable, obras en calles y parques, etc. Los recursos destinados para Carrera Docente cayeron un 50% y para las Pymes un 82% según el CEPA.
“Cuando se analiza la ejecución presupuestaria del Gobierno de la Ciudad durante los últimos años se ve una reasignación regresiva del gasto público porque los datos revelan que hay recortes en la mayoría de las áreas sociales, en salud, educación, vivienda. Y hay incrementos de recursos destinados al sector privado, sea servicios concesionados, educación privada y deuda pública”, dijo el titular del Observatorio de CEPA, Juan Costa, para el diario Tiempo Argentina a mitades de mayo.
Detrás de la “Tormenta Negra” de Macri, sin dudas, lo que se esconde es una acción desesperada por mantener el poder en la Ciudad de Buenos Aires. Las piezas propagandísticas, donde usa la acción represiva del Estado para construir narrativas antipobres como campaña electoral, esconden una nula gestión en la capital de Argentina. Y cuentan con una peligrosa complicidad empresarial que apoya estas consignas conservadoras.
El día de la “Tormenta Negra”, el 14 de mayo pasado, se desplegaron 1500 policías, personal de Espacio Público, ambulancias y helicópteros en distintas villas de la Ciudad. Como mencionamos anteriormente, la Villa 31, al norte porteño, venía funcionando desde hacía meses como uno de los principales escenarios de los operativos de saturación impulsados por el Gobierno porteño.
En la Ciudad de Buenos Aires, la pobreza volvió a convertirse en escenario de disputa electoral, espectáculo mediático y demostración de fuerza estatal
Fue allí donde apareció Jorge Macri aquella noche, abucheado por vecinos del barrio militarizado y con fuerte presencia de medios de comunicación cubriendo el operativo. Entre ellos estuvieron, desde muy temprano, LN+, El Trece, Todo Noticias -del Grupo Clarín- y Crónica TV.
La “Tormenta Negra” no dejó narcos detenidos, no tuvo injerencia alguna en la seguridad de quienes habitan las villas. Mucho menos representó soluciones estructurales para los barrios populares. Sí dejó algo evidente: en la Ciudad de Buenos Aires, la pobreza volvió a convertirse en escenario de disputa electoral, espectáculo mediático y demostración de fuerza estatal. Y mientras la política endurece su discurso, miles de familias siguen esperando derechos básicos que continúan sin llegar.


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