El Día Internacional de la Mujer volvió a convertirse en un escenario de disputa política en Argentina. Esta vez, el Gobierno de Javier Milei eligió conmemorar el 8M con un video institucional que, lejos de centrarse en la reivindicación histórica de los derechos de las mujeres, se transformó en una crítica frontal a las políticas de género desarrolladas por administraciones anteriores.
La pieza audiovisual difundida desde las redes oficiales de Casa Rosada calificó esas políticas como un “negocio para pocos” y una “estafa millonaria”, argumentando que estructuras estatales como el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad no representaron un avance real sino un aparato destinado —según el discurso oficial— a concentrar militancia política.


“Durante décadas una causa noble fue distorsionada y transformada en una estructura destinada a concentrar militancia”, señala el video, que también afirma que la creación del ministerio en 2019 “no fue un avance, sino el comienzo del saqueo”.
El mensaje se inscribe en la lógica discursiva que el oficialismo viene sosteniendo desde la campaña electoral: una crítica profunda al rol del Estado en políticas sociales y de derechos, especialmente aquellas vinculadas a género y diversidad. En ese marco, el gobierno libertario sostiene que dichas iniciativas beneficiaron a una “élite militante” sin resolver los problemas estructurales que afectan a la sociedad.
Sin embargo, la publicación oficial no menciona programas que sí tuvieron impacto concreto en años recientes, como las líneas de asistencia a víctimas de violencia de género, programas de autonomía económica para mujeres o políticas de acompañamiento frente a situaciones de vulnerabilidad. Estos instrumentos fueron destacados por organismos internacionales y organizaciones sociales como herramientas clave para abordar desigualdades históricas.


La narrativa del gobierno, en cambio, propone un enfoque completamente distinto: desplazar las políticas públicas específicas y reemplazarlas por un modelo basado en la “igualdad ante la ley”, la libertad económica y el equilibrio fiscal.
“El verdadero homenaje a las mujeres no es multiplicar estructuras políticas inútiles”, sostiene el mensaje oficial hacia el final del video. “Es construir un país donde cada argentina pueda vivir segura, trabajar en libertad y progresar gracias a su propio esfuerzo”.
Detrás de esa afirmación aparece una concepción ideológica clara: la reducción del rol estatal y la confianza en el mercado y el esfuerzo individual como motores de progreso social. Para el gobierno de Milei, el combate contra la inflación y el orden fiscal serían las herramientas más efectivas para mejorar la vida de los sectores más vulnerables, incluidas las mujeres.
Pero la reacción política y social no tardó en llegar. Sectores del feminismo, organizaciones sociales y dirigentes opositores cuestionaron el tono del mensaje oficial, al considerar que invisibiliza las desigualdades estructurales que afectan particularmente a las mujeres, como la brecha salarial, la sobrecarga de tareas de cuidado o la violencia de género.
En ese contexto, el 8M vuelve a evidenciar que la discusión no se limita a políticas públicas específicas, sino que refleja dos visiones profundamente distintas sobre el rol del Estado, los derechos sociales y el camino para alcanzar la igualdad.


Más que una conmemoración, el Día de la Mujer se convirtió así en un nuevo capítulo de la disputa cultural y política que atraviesa a la Argentina actual. Mientras el oficialismo apuesta por desmontar lo que considera estructuras ideológicas del pasado, amplios sectores de la sociedad advierten que el retroceso en políticas de género puede profundizar desigualdades que aún están lejos de resolverse.












