
Gobernadores vs. gobernadores: la cumbre de Nueva York expone la grieta que Milei supo cerrar (afuera)

NUEVA YORK. — Hay una Argentina que brilla en los atriles neoyorquinos y otra que sigue embarrada en las rutas del interior. La paradoja del Argentina Week es que, mientras los gobernadores de 11 provincias desfilaban por el Consulado para bendecir el modelo, el RIGI y la "oportunidad histórica", en Tucumán los vecinos de La Madrid contaban las horas para que un "paso precario" los conectara con el mundo después de la inundación.
La postal es perfecta para entender el momento: Luis Caputo sonriente desde la primera fila, escuchando a los mandatarios provincias elogiar la macro ordenada, el fin del cepo y las bondades del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. "Fue una semana bárbara", resumió el ministro. Y probablemente lo fue: para él, para los funcionarios que viajaron, para los empresarios que llenaron las salas del Council de las Américas y del Consulado.
Pero mientras Caputo celebraba el momentum espectacular de la Argentina, en el país real el momentum es otro: el de la inflación que no termina de rendirse, el de los salarios que corren detrás, el de las economías regionales que esperan inversiones que todavía no llegan.
La velocidad y la gente que la pasa mal
El propio Caputo, en un rapto de sinceridad incómoda, lo admitió: "El rumbo es éste, pero la velocidad importa porque hay gente que la está pasando mal".
La frase merece ser enmarcada. Porque si hay algo que este gobierno ha demostrado es que la velocidad no es su fuerte cuando se trata de llegar a los que esperan. La velocidad está en los anuncios, en los viajes, en las fotos con inversores. Pero cuando hay que drenar una ruta, terminar un hospital o explicarle a un jubilado por qué su poder adquisitivo sigue siendo una variable de ajuste, el cronómetro parece funcionar con otra batería.
El RIGI: el pegamento de una unidad inédita
Lo curioso de esta cumbre neoyorquina es que logró algo que la política argentina suele resistir: la unidad. Gobernadores de distintos signos políticos desfilaron por el atril con un libreto común, como si el RIGI hubiera operado como una suerte de psicofármaco colectivo que apacigua cualquier diferencia.
El justicialista Raúl Jalil (Catamarca) pidió que el RIGI sea permanente. Gustavo Sáenz (Salta), también del peronismo, destacó la "previsibilidad e institucionalidad" y la necesidad de mostrar que "no se cambian las reglas de juego a mitad de camino". Carlos Sadir (Jujuy), con el mismo tono, puso el foco en inversiones respetuosas con las comunidades.
Del otro lado del mostrador ideológico, Marcelo Orrego (San Juan) fue directo: "Sin la macro ordenada no hay nada, y el gobierno lo hizo. Implementaron el RIGI y sacaron el cepo". Claudio Vidal (Santa Cruz) se sumó al coro: "Hay que animarse a más".
Y en el panel petrolero, la comunión fue total: Rolando Figueroa (Neuquén) definió a Vaca Muerta como "una condición necesaria, pero no suficiente" y llamó a entenderlo como "un desafío generacional, no político". Alberto Weretilneck (Río Negro) y Alfredo Cornejo (Mendoza) completaron la postal de una Argentina federal que, al menos en Nueva York, habla con una sola voz.
La grieta que no cierra (porque acá no hay RIGI que valga)
El problema es que esa unidad se diluye en cuanto se cruza la Aduana. Porque mientras los gobernadores petroleros y mineros deslumbran a los inversores con PowerPoints y promesas de rentabilidad, los gobernadores del norte grande, los de la liga de provincias sin litio ni Vaca Muerta, miran la escena desde la ventana. No están en la foto. O están, pero como comparsa.
La Argentina Week mostró lo que este gobierno entiende por federalismo: un desfile de provincias que tienen algo para vender. Las que no, que esperen. Que sigan gestionando la emergencia con los recursos magros de siempre, mientras los reflectores apuntan a las que pueden mostrar balances en dólares.
El desafío de la traducción
El gran desafío de este modelo es, paradójicamente, el más básico: traducir el entusiasmo de Nueva York en respuestas concretas para la gente de La Madrid, de Jujuy, del conurbano. Porque los inversores pueden celebrar el RIGI, pero el vecino que sigue sin trabajo o el productor que no puede sacar su cosecha por rutas cortadas necesitan algo más que promesas de "momentum espectacular".
Caputo lo sabe, y por eso pidió velocidad. Pero en la Argentina de las emergencias permanentes, la velocidad suele ser un lujo reservado para los que ya están en movimiento. Para los que quedaron en el barro, el cronómetro mide distinto.
Mientras tanto, en Nueva York, los gobernadores siguen desfilando. Y afuera, en la calle, los inversores preguntan. Y acá, en el país, la gente espera. Como siempre.



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La incidencia final del reajuste dependerá de la categoría tarifaria, el nivel de consumo, la estructura de cargos aplicable y la existencia de subsidios u otros beneficios.

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