ALBERDI NO OLVIDA: LOS NOMBRES QUE EL TERROR NO PUDO BORRAR A 50 AÑOS DEL GENOCIDIO

En Juan Bautista Alberdi, el 24 de marzo se vuelve carne, memoria y grito colectivo. A medio siglo del inicio del terrorismo de Estado tras el Golpe de Estado en Argentina de 1976, el sur tucumano honra a sus desaparecidos con una certeza inquebrantable: Nunca Más es ahora.
24 de marzo de 2026Francisco O CisneroFrancisco O Cisnero
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No hay relato posible que alcance para dimensionar el vacío. Pero hay nombres. Y en Alberdi, los nombres siguen de pie.

Este 24 de marzo, la memoria no se declama: se encarna. En las calles, en las escuelas, en cada familia que todavía reconstruye lo que el horror intentó arrasar. A 50 años del comienzo del genocidio en la Argentina, el pueblo vuelve a pronunciar a quienes quisieron desaparecer para siempre.

Enrique “Palo” Sánchez, de Villa Belgrano, vuelve desde la profundidad de la tierra, identificado en el Pozo de Vargas, ese sitio donde el silencio fue cómplice durante décadas, pero no eterno. Su identificación no es sólo un dato forense: es justicia que llega tarde, pero llega.

Luis Magín Herrera, de Escaba, en Río Chico, también fue recuperado. Su nombre ya no está perdido en archivos ni en sombras: está en la memoria activa de un pueblo que se niega a olvidar.

Juan Ángel Nughés, estudiante secundario de la Escuela Agrotécnica, encarna el golpe más brutal: el de una juventud truncada. Tenía proyectos, futuro, vida. El terrorismo de Estado no sólo desapareció personas: intentó robar generaciones enteras.

Segundo Pastor “Chicho” Rosales, secuestrado en Avellaneda, es otra herida abierta que atraviesa geografías. Porque el plan represivo no tuvo fronteras: fue sistemático, coordinado, frío.

Y René Plaza Ruiz, gremialista del Ingenio Marapa, representa a los trabajadores perseguidos por organizarse, por alzar la voz, por disputar dignidad en tiempos donde eso se pagaba con la vida.

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No fueron hechos aislados. No fueron errores. Fue un modelo de país impuesto a sangre y desaparición.

Hoy, cuando algunos intentan relativizar el horror o instalar dudas sobre lo ocurrido, Alberdi responde con memoria concreta. Con historias reales. Con la crudeza de lo que pasó en cada casa, en cada barrio, en cada ausencia.

El 24 de marzo no es una efeméride: es una trinchera ética.

Porque recordar no es quedarse en el pasado. Es impedir que el horror encuentre nuevas formas. Es marcar límites. Es sostener que la democracia no se negocia y que los derechos humanos no se relativizan.

A 50 años, la consigna sigue intacta, pero más urgente que nunca:
Memoria para saber. Verdad para no mentir. Justicia para que no se repita.

Y en Alberdi, donde los nombres siguen vivos, el mensaje retumba con fuerza:
Nunca Más no es un lema. Es una promesa colectiva que no se rompe.

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Estela Carlotto y Maria A Lescano madre de Juana Matilde Colayo secuestrada de su domicilio y desaparecida el 31 de agosto  de 1977

                                                                                                                                                                                                                       

El 24 de marzo no es sólo conmemoración. Es denuncia. Es advertencia. Es una línea que la sociedad traza para no volver atrás. En tiempos donde resurgen discursos negacionistas, donde se intenta relativizar el horror o discutir cifras como si fueran estadísticas frías, Alberdi responde con memoria concreta, con nombres propios, con historias que no admiten discusión.

No fueron excesos. No fue una guerra. Fue un plan sistemático de desaparición, tortura y exterminio.Y frente a eso, la comunidad se planta.

La consigna de Memoria, Verdad y Justicia no es un eslogan vacío: es una construcción cotidiana que atraviesa generaciones. Hijos, nietos, vecinos, organizaciones y ciudadanos comunes se apropiaron de ese legado para sostenerlo en el tiempo, para que no quede reducido a una fecha en el calendario.

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Marqueza Lescano Mombiela en un acto conmemorativo en Leon Suarez

Porque cada nombre recuperado es una victoria contra el olvido.
Y cada nombre que falta, una deuda que sigue abierta.

A 50 años, el mensaje sigue siendo el mismo, pero más urgente que nunca:
Nunca Más no es pasado. Es presente y es futuro.

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