CHINA RECHAZA LAS ACUSACIONES DE TRUMP Y NIEGA UN SUPUESTO “REGALO A IRÁN”

Pekín responde con firmeza y se presenta como garante del orden internacional, mientras crece la disputa narrativa con Washington en medio de la tensión en el Golfo Pérsico.
Internacionales24 de abril de 2026Francisco O CisneroFrancisco O Cisnero
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Guo Jiakun - Johannes Neudecker / dpa / Gettyimages.ru

En un nuevo capítulo de la disputa geopolítica entre las grandes potencias, China salió al cruce de las declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien había insinuado que un buque iraní interceptado por fuerzas de Estados Unidos podría haber sido un “regalo” del gigante asiático a Irán.

Desde la Cancillería china, el portavoz Guo Jiakun fue categórico al rechazar las acusaciones y reafirmar la posición oficial de Pekín. “Como gran potencia responsable, China siempre ha sido un ejemplo a seguir en el cumplimiento de sus obligaciones internacionales”, sostuvo durante una conferencia de prensa, en una declaración que apunta tanto a desmentir los dichos como a reforzar la imagen global del país.

La respuesta no es menor: se da en un contexto donde cada palabra construye poder. Las insinuaciones de Trump —sin pruebas públicas— buscan instalar la idea de una connivencia estratégica entre Pekín y Teherán, en un momento en que la tensión por el control energético y militar en la región vuelve a escalar.

El episodio que detonó la controversia fue la intercepción, el lunes, de un buque iraní por parte de fuerzas estadounidenses. Trump aseguró que la embarcación transportaba “cosas no muy agradables” y deslizó que su origen podría estar vinculado a China. Sin embargo, evitó dar precisiones. “Es información ultrasecreta”, afirmó, alimentando más dudas que certezas.

El trasfondo revela algo más profundo que un incidente aislado: una guerra de relatos. Washington insiste en mostrar un control total sobre el Estrecho de Ormuz y en sostener la eficacia de su bloqueo sobre los puertos iraníes. De hecho, el Comando Central estadounidense aseguró haber desviado 33 embarcaciones vinculadas a Irán.

Pero la realidad parece menos lineal. Informes de Financial Times indican que al menos 34 petroleros asociados a Teherán lograron evadir el cerco, lo que pone en cuestión la narrativa de control absoluto que intenta proyectar Estados Unidos.

En ese juego de versiones cruzadas, China opta por una estrategia calculada: no confronta de manera directa, pero deslegitima las acusaciones apelando a su rol de actor “responsable”. Es una respuesta que busca más consolidar su posición global que entrar en la provocación.

El problema es que, detrás de las palabras, lo que está en juego es mucho más que reputación diplomática. La creciente fricción entre Washington, Pekín y Teherán redefine el equilibrio en una de las regiones más sensibles del mundo. Y en ese tablero, cada acusación sin pruebas, cada desmentida medida, suma tensión a un escenario donde el margen de error es cada vez más estrecho.

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