
Di María fue uno de los centros de atención del partido en el Monumental.
Francisco O CisneroLa semifinal se empezó a jugar mucho antes de que el árbitro hiciera sonar el silbato. De las quejas de Milito tras quedar eliminados ante el Canalla, a las respuesta de Di María: “Después quieren que los campeones del mundo vengan a Argentina a jugar...“. El Monumental no lo perdonó. Una olla a presión que no tardó en estallar. Los silbidos e insultos al ‘Fideo’ durante el calentamiento marcaron el ambiente de la noche, pero lo peor estaba por llegar.
Tras que los dos equipos saltaran al verde, el estadio salió con un canto al unísono: “Seca nuca, Fideo seca nuca, Fideo seca nuca”. A cada balón que tocaba, una oleada de silbidos e insultos. Le crucificaron. La leyenda, ya a posteriori, intentó quitarle hierro al asunto. Lo asumió con deportividad, a pesar de haberlo dado todo por el país. “Esto es fútbol. En esta cancha fui ovacionado un montón de veces. En mi memoria va a estar eso, no estas cosas. Hoy estoy vistiendo esta camiseta, no tengo la de la Selección así que es fútbol”, dijo en el flash post partido.
Pero Coudet lo tuvo claro: para ganar, el ‘Fideo’ no podía aparecer. Es el jugador diferente. Aquel con la capacidad de deshacer un partido por sí solo. Jugó aislado, escorado a la banda, intentó cargarse a la espalda el peso del ataque. No pudo. Por poco estuvo de abrir el marcador con una jugada maradoniana, escapándose in extremis con una finta de dos defensores, pero sin poder finalizar. Se desesperó. Coudet ganó la partida.
Ya en el complementario, el Canalla se quedó atrás, dejando le protagonismo al Millonario para cazar una oportunidad a la contra. Di María tuvo que entregarse a fondo, buscando a Copetti con pases a la espalda de la defensa. Por poco se gana la expulsión el delantero por una patada a la boca de Lautaro Rivero, que le dejó secuelas y sangre, pero el colegiado le perdonó. Una y no más.

El partido se convirtió en una pelea de gladiadores. River, a la carga, y el Canalla aguantando. Las patadas fueron una constante. Volaban. ¿El árbitro? “Jueguen, jueguen”. Pero Ledesma, hasta ese momento héroe, no pudo evitar convertirse en villano. En un intento por cortar la contra del Millonario, el guardameta derribó a Freitas dentro del área. El colegiado no dudó: penalti, otro más. Esta vez, con un resultado bien distinto. Colidio no falló y River se coló en otra final. La primera del ‘Chacho’ Coudet en su vuelta a Argentina.


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