
El oficialismo se juega mucho más que un tratado comercial. Se juega un símbolo de época. En una de las últimas sesiones extraordinarias del Congreso, el Gobierno busca consagrar lo que considera un “punto de inflexión histórico”: aprobar el acuerdo birregional entre el Mercosur y la Unión Europea antes que sus socios y marcar liderazgo regional en materia de apertura económica.
La decisión no fue menor. La Libertad Avanza reordenó el cronograma legislativo para darle prioridad absoluta al tratado, desplazando debates sensibles como el Régimen Penal Juvenil y la Reforma Laboral. El mensaje político es claro: primero el mundo, después el resto.
Mientras Uruguay avanzó esta semana con su propia media sanción, el Gobierno argentino busca adelantarse en la carrera por la ratificación. En la Casa Rosada lo ven como una competencia estratégica por posicionamiento internacional.
Los números que entusiasman al oficialismo
El acuerdo —firmado en Asunción— establece que la UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur, por un valor cercano a los u$s61.000 millones.
Las proyecciones oficiales estiman:
🔹 Crecimiento exportador del 76% en cinco años.
🔹 Expansión agroindustrial cercana al 15% (carne, pesca y economías regionales).
🔹 Aumento industrial del 30%, especialmente en autopartes, químicos y petroquímicos.
🔹 Impulso fuerte a minería, energía, litio y cobre.
Además, el Ejecutivo sostiene que el acuerdo, combinado con el RIGI, reforzará la previsibilidad jurídica para inversiones extranjeras. Europa ya es el principal inversor directo en Argentina, con un stock aproximado de u$s75.000 millones.
El trasfondo político: apertura o dependencia
Pero el debate va mucho más allá de las cifras.
El oficialismo presenta la iniciativa como el fin del aislamiento y el inicio de una nueva etapa de inserción global. Sus críticos, en cambio, advierten sobre posibles impactos en la industria nacional, pérdida de herramientas de protección y riesgos de primarización económica.
En el Senado, el Gobierno confía en el acompañamiento del PRO y sectores de la UCR para asegurar la sanción definitiva. Si lo logra, Milei podrá exhibir el acuerdo como uno de los hitos más contundentes de su gestión en política exterior.
La pregunta de fondo es incómoda y divide aguas:
¿Es el comienzo de una Argentina integrada al mundo o el inicio de una competencia desigual para sectores sensibles?
El jueves se vota algo más que un tratado. Se vota un modelo de país.












